Sólo por hoy.

martes 16 de junio de 2009

The Kooks Report (El Riport de Los Cúcs):
The Kooks, Teatro Caupolicán, sábado 13 de junio.

La Unión Española empató con el O´Higgins”, fue la frase que me dijo el colectivero cuando intenté hacer conversación mientras íbamos rumbo al Teatro Caupolicán. Llegamos algo así como las 8 y media, la hora perfecta: The Kooks estarían en media hora arriba del escenario como era lo planificado, en la presentación del pasado sábado 13 de junio. La banda británica era el plato único de la noche. Sin teloneros ingleses, ni menos bandas consagradas u osadas (mulas) nacionales.

En el ambiente se respiraba aire teenager, conocedores de toda la corriente “Indie-Pop”. Entre la multitud me encontraba tarareando “Times Like These” de Foo Fighters, sólo quedaban 5 minutos para el concierto; entre un mar de pelolais y zapatillas colorinches caña alta (Me avisan por el interno que yo era el más feo al interior del recinto).


A las 9 en punto The Kooks hace su aparición en el Caupolicán. Luke Pritchard con una “chupalla” en la cabeza, chaqueta de cuero, polera gris y jeans. El primer gesto fue el lógico: Portar la bandera del país en que tocas. Lo que provocó la sorpresa de más de alguna quinceañera que –al igual que los británicos- debutaban con un concierto en nuestro país.


No conozco el setlist exacto, pero la batería de éxitos tuvo como base la presentación de sus dos únicos discos. Temas como She Moves In Her Own Way, Naive, Always Where I Need To Be y Shine On; fueron buenos argumentos para hacer enardecer a un público joven expectante –muchos echaron de menos el tema Seaside-. Con canciones ejecutadas en forma correcta, siempre con el miedo de caer en la saturación por la amplificación del lugar, debido a que el Caupolicán no es precisamente un escenario amplio (no, no es un Glastonbury, es sólo un teatro). Sin embargo, The Kooks no tuvo inconvenientes.

El dato curioso:

El público (nosotros) esperábamos Do You Wanna, con los primeros riffs sonando el tema, en su inicio, se prolongó por apróx. 2 minutos, debido a la falla de audio en la guitarra del vocalista. Lo que provocó que de forma inmediata su asistente la cambiara por otra; acto seguido el sonido del instrumento seguía defectuoso. Ante esto Pritchard lanza la guitarra hacia el piso, pero no como The Who en sus años mozos. El lanzamiento fue con tal delicadeza y sofisticación que sacó más gritos de las fanáticas que aguantaban estoicamente en primera fila, mientras los tontitos de siempre no guardaban compasión por ellas. Siendo lo tiernas que se veían con sus cintillos brillantes en la cabeza con el logo de la banda. Con esto a ratos ver a The Kooks arriba del escenario me hacían recordar a los Jonas Brothers en versión adulta.


Otro dato curioso, fue en el final del concierto, donde dos tipos se peleaban una baqueta, aferrados a ella sin intención de soltarla. Esto, sumado al reducido espacio de cancha, provocó empujones, una batalla campal. Luego, y en una solución salomónica, ambos decidieron quebrar la baqueta en dos: Así cada uno guarda en sus hogares una estaca del baterista de los Kooks.


El concierto cumplió con las expectativas de los asistentes en general –y las mías también-. La presentación fue bastante banda-nueva-inglesa (léase puntuales en el inicio y con 1 hora con 20 minutos de concierto). Valió la pena.


The Kooks - One last time


The Kooks - Shine on.